5 Etapas en el proceso del Duelo

¨El duelo suprimido sofoca y hace estragos dentro del pecho.¨  - Ovidio


Un duelo es el proceso por el cual tratamos de adaptarnos y atenuar el dolor, la tristeza o la aflicción que genera una pérdida. 

Puede durar meses, años, incluso pasar de una generación a otra. Va a depender de cada situación en particular y de cómo se maneje y cómo se trabaje.

La Dra. Kübler-Ross define 5 etapas para la realización de este proceso: 

  • Negación,  donde se evade la pérdida de diferentes maneras.
  • Ira,  expresión de emociones. Es el momento de contacto con el sufrimiento (ansiedad, miedo, angustia, sensación de vacío y de abandono, impotencia, culpa, tristeza).
  • Negociación, también llamada la fase de reproche, se trata de negociar para recuperar lo perdido.  Aquí la persona piensa en todas las otras posibilidades que existieron y no fueron, puede fácilmente caer en sentimiento de culpa.
  • Depresión, sobretodo si el momento de culpa no se trata adecuadamente
  • Aceptación, perdón, reconstrucción de la vida. Vivir nuevamente, es cuando la persona se vuelve a conectar con el sentido de la vida.

Cada situación se va a vivir de una forma única, pero va a atravesar estas etapas. Puede que unas las viva más intensamente que otras, puede que algunas se repitan, o se superen más rápido. 

Hay que tener en cuenta que el duelo se puede dar por diferentes tipos de perdidas,  la pérdida de un ser querido, una mascota, también por la perdida de una relación especial, una relación amorosa o de amistad, la perdida del trabajo, la perdida del territorio, la casa, un lugar, de un objeto muy preciado, incluso de un estilo de vida, un divorcio, la perdida de la libertad, una quiebra económica,  la perdida de la salud, de un miembro del cuerpo o un órgano, una ilusión que ya no es posible, y así. 


Se puede afrontar desde las propias creencias, las creencias colectivas, o las de un grupo en particular, desde alguna religión, desde la espiritualidad, y sobre todo desde las costumbres familiares.

Una costumbre familiar puede ser no afrontarlo en lo absoluto; bloquearlo. 

Pero ese dolor no desaparece, se oculta, se bloquea, pero ocupa un espacio que puede ser tanto físico como emocional.  Un duelo que no se trabaja, seguirá abierto y esconderá emociones pendientes, emociones no vistas, emociones de tristeza, frustración, culpa, rabia, que permanecerán bloqueadas, pero saldrá de manera inconsciente en tristeza inexplicable y otras emociones escondidas. Incluso pasará a las siguientes generaciones si es necesario, hasta que alguien lo vea, lo acoja, lo reconozca, le de contención y comience a sanarlo y cerrarlo desde un trabajo personal consciente. 

Además, los duelos no resueltos se acumulan igual que se acumulan los intereses pendientes de un préstamo bancario. No desaparecen, solo se suman y aumentan el dolor. 


Hay que recordar que hasta hace poco un duelo era un ciclo emocional completamente subestimado y casi ignorado a nivel familiar, a nivel personal e incluso ignorado por los médicos, psicólogos y demás especialistas que hoy ya reconocen y comprenden la gran importancia de este proceso emocional.


La experiencia de un duelo es fundamental en el desarrollo emocional de una persona. Con un duelo siempre viene una gran enseñanza, una gran lección de vida, una oportunidad de agradecer algo que inicialmente puede ser difícil de ver, pero con el trabajo personal y la ayuda del tiempo, se logra encontrar ese aprendizaje.


¿Hacia dónde tienes que dirigirte para cerrar el duelo?

Hacia la búsqueda de sentido de la pérdida.  Es una fase donde la persona puede mira con perspectiva la situación y logra ver lo positivo y el aprendizaje de la experiencia.

Así esta persona se podrá conectar nuevamente con la vida. 


Ten en cuenta que este es un proceso ​que se atraviesa mejor con acompañamiento,  ya sea familiar,  o profesional. 

Autoconocimiento a través del árbol Genealógico
Un Antes y un Después